Es una fría mañana en Carbonero el Mayor, un pequeño pueblo a los pies de la Sierra Segoviana.

Familia y amigos se han reunido un año más para festejar una tradición ancestral: la matanza del cerdo.

En la fiesta, todos colaboran. Hay que sacrificar al animal, seleccionar y sazonar la carne, embutirla y preparar todos los productos en la bodega para su curación.

Así fue como en aquellos tiempos Don Virgilio Pascual comenzó a dedicarse en cuerpo y alma a la curación de jamones y embutidos.

Por aquel entonces, la empresa estaba formada por dos personas que, ayudadas por un grupo de mujeres del pueblo, trabajaban duramente, pero con cariño, para atender la incipiente demanda de nuestros productos naturales.

Hoy, la plantilla de Mariano Pascual se ha multiplicado por diez.

A la experiencia de nuestro saber hacer artesano hemos añadido los últimos avances tecnológicos. Por eso hoy podemos ofrecer una gama de productos altamente competitivos, que conservan el sabor tradicional y cumplen con todas las exigencias europeas en materia de calidad.